Vecinos. ¿estorbos
para los hosteleros?
PARA DESGRACIA nuestra, y seguro
que también
para ellos, los vecinos, los residentes del Casco -y mando
un saludo también a los conciudadanos del barrio de
Santa Teresa-, somos una contrariedad para muchos de los hosteleros
de este barrio Patrimonio de la Humanidad. En concreto, y sobre
todo, para los mas influyentes empresarios con locales o terrazas
que buscan y tienen, como principal cliente, o al turista de
un día, o al noctámbulo cubatero de fines de
semana. Esta gente emprendedora, en los conflictos de convivencia
vecinal que generan sus actividades comerciales, está claro
que nos ningunean, pero no por maldad, sino porque su comportamiento
viene dictado por la naturaleza de sus legítimos negocios.
Es
una cruda ley, una consecuencia de su lógica económica
interna: si los empresarios realizan inversiones especulando
con los beneficios que dejan en sus establecimientos o la
legión
de forasteros, o la clientela del ocio nocturno, es natural
que, como consecuencia, dichos hombres de negocios nos vean,
a los vecinos del Casco, como apenas un pequeño porcentaje
en sus cuentas de resultados, unos cientos de euros de los
que además pueden prescindir porque de ellos solos
no podrían mantener sus empresas, tal y como ahora
están
diseñadas. Y, vuelvo a repetir para evitar malas interpretaciones,
que no es por mala fe por lo que nos consideran intangibles
fantasmas de un área urbana, que ya juzgan como sus
capataces. Así como en la naturaleza las águilas
no persiguen a las moscas, en el Casco, estos legítimos
negociantes, que como empresarios tienen como cerebro una
caja registradora y como ojos monedas de euro, no pueden
evitar vernos como prescindibles insectos en este su campo
de operaciones. Y esta es la especie actual que domina hoy
el gremio de hosteleros toledanos. En este barrio, el clásico
y seco tabernero aborigen, que tiene en su tasca o casa de
comidas como principal cliente al "parroquiano",
y que es a la vez un vecino mas, o es una minoría
simbólica, o está casi
desaparecido en un combate desigual contra la especulación
inmobiliaria, porque ahora es mucho mas rentable vender el
local que seguir con el pequeño negocio. A los
vecinos, a los residentes, solo nos queda el consuelo
resignado de ir contando las veces que nos postergan,
que nos rebajan.
Una. La
Asociación de Hosteleros de Toledo, alarmada
por los acontecimientos, señala una reunión
de urgencia entre sus miembros. La convocatoria no es para
amonestar a algunos de sus asociados sobre la mala imagen
que están
dando al gremio; no es para corregir una forma dolosa con
la que algunos asociados llevan la actividad de sus respectivas
empresas generando continuos abusos a leyes y ordenanzas;
no es para que algunos asociados dejen de ocasionar con sus
excesos empresariales unos daños a derechos de convivencia
ciudadana que cientos de vecinos cercanos llevan sufriendo
hace lustros. La citación es debida a algo mucho mas
grave e inusual: el Ayuntamiento ha aplicado de forma justa
una sanción
a uno de esos asociados infractores de los reglamentos locales.
Un Ayuntamiento tal vez "influido" por una futura
acción judicial de unos residentes victimas de los
excesos empresariales, aplica, por fin, las Ordenanzas Municipales
sobre horarios y ruidos a uno de esos bares -terrazas de
verano a diez días de finalizar dicho verano y con
todo el pescado vendido. El súper-chiringuito afectado
es el regentado por uno de los asociados hosteleros mas notables
y lúcidos, después de seis años de continuos
incumplimientos de las disposiciones sobre horarios nocturnos
y de las normas contra la contaminación acústica,
esto último con un equipo de sonido en la vía
publica que carecía -a mas "INRI"- del correspondiente
permiso municipal durante todo ese corto período
de tiempo.
Creo natural el susto de la Asociación de Hosteleros
y de sus miembros por esa repentina e insólita voluntad
del Ayuntamiento, empeñado ahora de aplicarles,
a ellos, las actuales ordenanzas. De hecho, el astuto cofrade
hostelero afectado y sus próximos, tan perjudicados
como extrañados
por la justa pantomima municipal, estructuraron una defensa
publica sobre el feliz argumento del derecho a la igualdad
a la hora de incumplir la ley: "¿Por qué a
mí solo y no a este o a ese o a aquel, que llevan.
haciendo lo mismo que yo o algo peor desde hace mas años?".
Enternecedor.
Dos. La
actitud de la Asociación de
Hosteleros en esas reuniónes para nada,
donde buena gente intenta poner puertas a un
guirigay llamado "botellón".
En principio, los vecinos creíamos que
ese prodigio social juvenil del "botellón" afectaba
negativamente a sus negocios al arrebatarles
una poquita de potencial clientela. Pero no,
la Asociación
ahora anda defendiendo una bella interpretación
jurídica
sobre la verdadera naturaleza de sus negocios
de hostelería,
por la cual éstos
se convierten, como segunda actividad, en tiendas
de ultramarinos. Estos empresarios alegan, suponemos
que sin cachondeo oculto, que nada pueden hacer
si un cliente les compra vasos, hielo, limones
cortados, alcohol y una lata de Cola-Loca, y,
junto con unas tapitas, decide consumirlo en
la calle contigua, justo a la puerta de sus negocios,
bajo sus focos y escuchando su propia música.
Este gremio cree en el derecho accidental de
todo bar a patrocinar accidentalmente que sus
clientes accidentales tengan un "botellodromo
underground" esporádico,
mucho mas fino y estable que el tradicional,
pero accidental. Aunque igual de dañino
para todos los vecinos de alrededor... Ahora,
como derivación, por
el bien de la libertad de empresa y de la libre
competencia, y con los mismos horarios, las tradicionales
tiendas de comestibles y bebidas pondrán,
a su vez, mesas y barras, servirán cafés,
cervezas y comidas, alegando que no podrán
evitar que sus clientes reclamen consumir sus
productos dentro de su local, entre sus estanterías.
Tres. Con
este numero brevemente recordar los tradicionales
y siempre valorados obstáculos y pegas que los
miembros de esta Asociación han interpuesto
cuando los volubles y débiles Ayuntamientos
han intentado llevar a cabo cualquier medida real y
razonada para organizar la anárquica
circulación de vehículos en el Casco,
un caos palpable y doliente que tanto perjudica la
calidad de vida de los que vivimos aquí, e incluso
de los propios visitantes considerados como viandantes,
y no como clientes tipo "AVE
DE PASO: ¡ ESTACAZO!". Dichos intereses
empresariales han hecho siempre ineficaces todas las
medidas adoptadas, ya sea en los horarios de las camionetas
de reparto -que no se respetan-, ya sea en los horarios
de los camiones de recogida de basuras -que tienen
siempre que ampliarse hasta cualquier hora por necesidades
empresariales-, ya sea en la entrada al Casco de los
enormes autobuses discrecionales de turistas -que volvieron
con tufillo amparador a permitirse-, ya sea en la limitación
de entrada a los miles de vehículos
de visitantes -"inconveniente" por arriesgado
para sus esperanzas de negocio-, ya sea en la observancia
de las zonas peatonales donde se encuentran sus empresas
-para comodidad de una clientela que necesita llegar
en coche hasta la puerta de sus locales aun obstaculizando
calles estrechas sin aparcamiento-. Y pasaremos también
por encima sobre las múltiples
licencias municipales obtenidas para la instalación
de mesas y sillas en vías publicas donde la
ocupación
privada de ésta es tal -y ha quedado tan estrangulada-
que obliga a los vecinos a caminar en fila india, obviando
con todo descaro, tanto el empresario como el burdo
funcionario municipal que tramitó favorablemente
la licencia, todas las normas de sentido común
sobre accesibilidad en vías
publicas.
Los vecinos y ciudadanos del casco -y un abrazo afectuoso
a los de Santa Teresa- tememos que trato Podemos seguir esperando
de cualquier corporación municipal. Ya conocemos los
vecinos del Casco - como vamos y estamos terminando frente
a estos legítimos negociantes, protegidos por Ayuntamientos
dejados, llenos mas de agentes comerciales que de empleados
públicos pendientes del bien común.