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YA
TENEMOS FLAN
Me
cuentan que en la antigua ciudad de T***, hace muchos años,
dos viejos amigos, hidalgos honorables a los que llamaremos Pepé
y Pepito, andaban pesarosos y atribulados sin saber muy bien por
qué. Y, ¿cuál podía ser la causa de
tanta y tan amarga aflicción, siendo ellos como eran nobles
y todopoderosos caballeros curtidos en no pocas batallas de las
que siempre, ya fuera contra follones transpirenaicos o indígenas,
habían salido glorificados y victoriosos, tales como los
célebres Don Quixote y Sancho, honra y orgullo de la ciudad
de T*** y de sus alrededores? Un día, el caballero Pepé,
que por ser el de más edad y más diestro en los
ardides guerreros, gozaba del respeto y la veneración del
joven Pepito, tras aliviarse un poco en el excusado que los pérfidos
albiones llaman “water”, exclamó de pronto:
“¡Necesitamos un Flan!” Y, en efecto, reunidos
en ordalía municipal, más contentos que unas pascuas,
Pepé y Pepito decretaron un Flan enorme hecho con murallas
de ladrillo, mogollones de asfalto y puentes de hormigón,
todo ello a expensas de los contribuyentes, claro está,
quienes, como dice el refrán, estaban condenados a ver
el flan pero no a catarlo. Unos años después a la
vieja ciudad de T***, gracias al Flan, ya no la conocía
ni su santo y diocesano Padre, razón por la cual los viajeros,
cada vez más escasos, ya no sabían si se encontraban
en T***, en Ponferrada o en Alcorcón. ¿Estarían
equivocadas las inscripciones que, en rótulos y cartelones,
señalaban a esa monstruosidad leganística como la
vieja y respetable T***? No se sabe. Me cuentan que ya nadie viaja
a T***, y que las imponderables e infalibles autoridades rumian
ya su desaparición definitiva de los mapas. Según
parece, de los en otro tiempo prósperos artesanos, tenderos
y posaderos de la vieja ciudad ya no quedan ni los restos, y se
dice que los albiones y transpirenaicos prefieren cien veces tostarse
en las playas de Benidorm que internarse en el repugnante engendro
ideado por los caballeros Pepé y Pepito. En tales circunstancias,
es natural que la ciudad de T*** haya quedado vacía, como
es sabido. Incluso los notables caballeros Pepé y Pepito
ya no viven en ella. ¿Para qué? Ellos tienen su
Flan, y, según me cuentan, ellos y algunos de sus amigos
todavía comen de él.
El
Incógnito de la Trompeta |
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