Sr.
Alcalde, muchas gracias.
Comenzar
de esta manera esta carta en esta Hoja de Iniciativa Ciudadana
-que me alegraría que se publicara- no debería
parecer extraño, irreal. Aunque en realidad lo es.
Soy uno de esos ciudadanos que, siempre por necesidad, conduce
diariamente uno de esos injustamente denostados 20.000 automóviles
que entran en el Casco Histórico. Cuando comenzó
el pasado año 2003 me sentí algo “acobardado”.
Primero, porque fue uno de esos años dedicado oficialmente
por todas las Administraciones Públicas a la “ACCESIBILIDAD”
en las ciudades. Segundo, porque se había hecho publico
que la cifra de las plazas legales de aparcamiento en plazas,
calles y callejones en el barrio antiguo era inferior en mucho
a 5.000 -y esto haciendo una vista gorda generosísima
respecto varias normas-. Tercero, porque se restaban las plazas
de estacionamiento de las zonas peatonales señalizadas
al instalarse barreras retráctiles solo accesibles para
residentes -que además iban a funcionar-. Cuarto, porque
desde el Ayuntamiento se comunicó que con decisión
y firmeza se harían cumplir las ordenanzas municipales
relativas a la circulación de vehículos.
Mis
familiares y amigos, que también necesitan cada uno su
coche para ir a la parte vieja, me avisaron que deberíamos
comenzar a pensar en compartir el coche. Yo me temí lo
peor: que terminaríamos comprando un bono de diez viajes
y aprendiendo los horarios y trayectos de los autobuses urbanos.
Y
comenzó enero del 2003. Y lo iniciamos unas veces compartiendo
un mismo coche, otras veces subiéndonos a un autobús.
Pero no llegando al día de San Sebastián comprobamos
algo que nos desconcertó: al Casco Antiguo seguían
entrando el mismo número de automóviles; en las
cercadas zonas peatonales los viandantes seguían mecánicamente
esquivando a los mismos vehículos de “no residentes”
y de turistas extranjeros a cualquier hora del día; los
policías locales seguían siendo tan diligentes
como en los años anteriores.
Por
eso, con toda sinceridad, le doy las gracias, Sr. Alcalde. Se
sabe que todo esto es imposible que sea producto de una serie
de casualidades o despistes, sino de una firme acción
política, de una férrea determinación en
resolver los problemas cuando estos se presentan, aunque se
tengan que cambiar por otros distintos pero con menores costos
políticos. Se sabe que usted sufre cuando sacrifica la
accesibilidad viandante de 9.000 vecinos del Casco, pero la
sensibilidad de un Alcalde no puede permitirse denegar ese auxilio
necesario -y usted es uno de los nuestros- a los usuarios de
esas decenas de miles de vehículos que no sabemos como
desplazarnos hasta o por el Casco sin ellos. Y usted también
sufre cuando ve como sus policías locales tienen que
resistir con fortaleza estoica esa voz interior -que todos ellos
tienen- que casi-casi les arroja cada minutillo fuera de sus
coches patrulla para sancionar a todos esos conductores que
necesitamos obviar normas diariamente para seguir viviendo de
la forma en la que estamos acostumbrados; sus agentes de policía
no pueden entretenerse en escuchar ese profundo rumor interior
porque continuamente tienen asuntos mucho mas graves que resolver
las veinticuatro horas del día en otros lares - “aquila
non capit moscas” -.
Es
por esto último, y por todo lo anterior, Sr. Alcalde,
por lo que la gente como yo le felicitamos y le damos las gracias
por su luminosa acción en el Casco sobre la ordenación
racional de la circulación y aparcamiento de nuestros
coches, y su brillante recreación de lo que en realidad
es una zona peatonal en esta ciudad. Espero y deseo que los
alcaldes del resto de ciudades declaradas Patrimonio de la Humanidad
sigan su audaz política para que sus ciudadanos también
la disfruten , igual que nosotros ahora gozaremos de sus nuevas
iniciativas y audaces mejoras para el 2004.
Muchas gracias Sr. Alcalde, con absoluta
sinceridad, es usted una fuente de inspiración para todos.