TURISMO
Y COMERCIO
En
el apartado de Turismo y Comercio Turístico, Iniciativa
Ciudadana del Toledo Histórico asume, de forma íntegra,
y así lo ratificó en Asamblea General, el documento
elaborado para la Cámara de Comercio e Industria de Toledo,
bajo la dirección del Catedrático de Geografía
Humana de la Universidad Complutense de Madrid, D. Miguel Troitiño,
titulado "Toledo 21. Una estrategia turística para
una Ciudad Patrimonio de la Humanidad" (Toledo, marzo de
1998) y del mismo extractamos aquellas partes que nos parecen
más interesantes para una nueva y necesaria regulación
del sector turístico en Toledo.
Toledo,
uno de los destinos turísticos más conocidos internacionalmente,
es un modelo turístico agotado que hay que reorganizar
con nuevas estrategias para devolverle el prestigio internacional
que siempre ha tenido. Su más inmediato reto es: lograr
la inserción equilibrada del turismo en la economía
y en la sociedad, en el marco de los modelos de turismo cultural
que permitan conciliar la conservación y la dinamización
cultural.
El
patrimonio cultural debe considerarse como una fuente de recursos
y no solamente como una fuente de gastos. Este recurso, espina
dorsal de nuestro turismo, tiene que conservarse mediante una
buena utilización del mismo. El turismo cultural de masas,
bien encauzado, tiene que ser, para nuestra ciudad, una importante
fuente de ingresos, los cuales deben redundar en la comunidad,
para revertir en forma de solución de problemas que obviamente
se producirán por el turismo de masas. Es decir, la comercialización
y gestión de los recursos turísticos tienen que
ser elaborados, compartidos y gestionados por las "iniciativas
privadas" y por las administraciones de la ciudad.
Toledo,
ciudad que está incrementando anualmente el número
de turistas, tiene que tener en cuenta que su capacidad de recepción
de turistas es limitada y que el patrimonio es débil y
de imposible reposición. Esta idea la deben tener siempre
presente los gestores y los usuarios de "patrimonios",
como el de nuestra ciudad.
El
turismo se constituye como elemento fundamental en la vida y
en la economía de las ciudades Patrimonio de la Humanidad,
lo cual nos obliga a perfilar estrategias nuevas que equilibren
la conservación de las ciudades históricas y las
apetencias de los turistas. El turismo puede incrementar la renta
de las ciudades históricas, pero también nos obliga
diversificar la oferta cultural, demandada tanto por los resientes
como por los turistas. El beneficio del consumo de esta oferta
tiene que revertir en proyectos de conservación y mantenimiento
de la ciudad.
La
revalorización y utilización turística del
patrimonio de esta ciudad, debe integrarse dentro de un proyecto
urbano y cultural, donde la oferta prime sobre la demanda. Los
ejes fundamentales de esta política deben ser: la adecuada
gestión del patrimonio y el entendimiento de la vida como
una nueva fórmula de práctica cultural.
Ante
los conflictos funcionales, los diferentes grupos sociales (Asociaciones
de comerciante, vecinos y hosteleros), se tienen que organizar
para presionar a las distintas administraciones, en defensa de
sus intereses. El urbanismo cultural, entendido como una nueva
forma de comprender y hacer la ciudad para el bienestar y disfrute
de sus habitantes y visitantes, tienen que prestar una importante
atención a estos aspectos.
Las
ciudades Patrimonio de la Humanidad se han convertido en grandes
receptoras de turismo nacional a internacional. El desmedido
incremento de los flujos turísticos es una amenaza creciente para
muchas ciudades, amenaza que debe ponerlas en disposición
de tener a punto una planificación más precisa y
una gestión más adaptada a la capacidad de recepción
de turistas. En este sentido, una ciudad como Toledo tienen que
preguntarse;
¿Qué
cantidad de turistas es la máxima, a partir de la cual
nuestros recursos naturales se verán afectados?
¿Qué capacidad de
carga funcional es capaz de soportar nuestra ciudad?
¿Qué capacidad de
actividades sociales es capaz de aguantar el residente, sin llegar
a considerar al turismo como nocivo para sus intereses?
¿Cuál
es el impacto medioambiental (producto de la masificación
turística) que puede aguantar nuestra ciudad?
La fijación de límites de tolerancia en relación
con la capacidad de carga y la gestión de la afluencia
de visitantes son temas que deben recibir una mayor atención.
La aplicación de medidas blandas (comercialización,
tráfico, planificación...) parece ser el camino
más idóneo.
Para
hacer operativo el desarrollo sostenible, hay que ser consciente
de la fragilidad del patrimonio y de la necesidad de un control
y gestión local de los recursos. Las administraciones locales,
en gestión permanente con la industria turística,
los responsables del patrimonio y los ciudadanos, tienen que comprometerse
a la formulación y gestión de estrategias sostenibles,
compartidas y asumidas por la sociedad local.
Las
ciudades Patrimonio de la Humanidad deberían esforzarse
en formular estrategias explícitas en relación con
el desarrollo y la gestión del turismo, puesto que, adecuadamente
controlado, puede ser un poderoso y potente instrumento de recuperación
urbana y de conservación activa del patrimonio cultural.
Toledo
se enfrenta al reto de lograr una inserción equilibrada
del turismo en la vida de la ciudad. Si somos capaces de dar respuestas
adecuadas a este gran desafío, estaremos contribuyendo
no sólo a la recuperación del patrimonio cultural,
sino también a la dinamización de las economías
locales.
El
Casco Histórico de Toledo, poseedor de un patrimonio arquitectónico
extraordinario que contiene manifestaciones importantes de la
cultura arquitectónica hispano-musulmana, gótica,
renacentista, barroca, está poco acondicionado turísticamente
y, por lo tanto, poco explotado. El patrimonio de Toledo, al margen
del monumental tradicional, se completa con una gran riqueza de
patrimonio de uso residencial, gran variedad de museos y una gran
oferta turístico cultural que no siempre está bien
aprovechada. El patrimonio residencial es interior, "de patio
para adentro" y no está adecuado ni preparado para
el turismo. Los museos y los eventos lúdico-festivos están,
igualmente infravalorados.
El
Casco Histórico cuenta con unas infraestructuras hoteleras
suficientes para dar acogida al millón y medio de turistas
que nos visitan anualmente. Las condiciones de la ciudad histórica
y las pocas facilidades de la Administración están
haciendo que la nueva oferta se de fuera del Casco Histórico,
desaprovechando así los recursos monumentales en desuso
o infrautilizados. La hostelería del Casco Histórico
tienen que luchar por recuperar edificios históricos y
por diversificar más la restauración ajustando más
la relación calidad-precio. El tanto por ciento de los
visitantes que comen en Toledo, es muy bajo y, de estos, el 74%
salen muy poco satisfechos.
La
economía toledana (Casco Histórico) está
basada fundamentalmente en el turismo y en la capitalidad de la
región. El C.H., a pesar de sus diversos problemas, sigue
siendo el centro económico y funcional de la ciudad. El
turismo es un terreno que mantiene un alto grado de mejora. Los
visitantes realizan un pequeño gasto económico en
sus visitas a Toledo y éste, aún siendo pequeño,
no se proyecta en beneficio de la ciudad. Es un pequeño
sector de la misma: hoteles, restaurantes, comercios de artesanía,
... los que se llevan estos ingresos.
El
turismo, de una forma directa o indirecta genera una cantidad
de puestos de trabajo aceptable, difícil de cuantificar
pero, obviamente mejorable si se creasen más y nuevas
estructuras comerciales para atraer al turismo. No olvidemos
que los 1.500.000 visitantes que nos llegan a Toledo nos dejan
unos diez mil ochocientos millones de pesetas de ingresos.
El
desarrollo y gestión del turismo no puede hacerse de forma
sectorial, sino contemplando la globalidad de la ciudad. El Casco
urbano se está despoblando y esto no es debido a una excesiva
presión turística. Es debido, esencialmente, al
escaso confort de la vivienda, a la mala planificación
de acceso a la ciudad, etc. Este proceso, de no detenerse va a
afectar tanto al desarrollo urbano como al turismo. Si el Casco
Histórico pierde su función de ciudad viva, comercial
y multifuncional, terminaremos por especializarnos íntegramente
en el turismo. En un contexto de la demanda turística,
el riesgo de que el turismo supere la capacidad de carga socioeconómica
del casco depende en buena medida de la vitalidad de las otras
funciones urbanas.
El
desarrollo turístico "no planificado" que tenemos
es, en su parte proporcional, culpable del excesivo tráfico
que soportamos, ya que al no haber aparcamientos externos para
sus vehículos y una señalización que permite
la entrada a todo el mundo, estos, obviamente, acceden o intentan
acceder al casco histórico con sus coches produciendo el
caos circulatorio que tenemos a diario en el casco histórico.
La
comercialización turística de Toledo no está,
ni controlada, ni planificada por agentes toledanos, privados
o públicos. Es una aspiración sería que Toledo
controle y planifique, en la mayor medida que pueda, sus destinos
turísticos. Pero en Toledo no se han planteado políticas
turísticas, ni se han desarrollado planteamientos para
integrar la gestión del turismo en el conjunto de las políticas
urbanas de la ciudad. El Ayuntamiento debe tener más protagonismo
en estos planteamientos y coordinar a los distintos sectores comerciales
para que, con políticas de actuación conjunta, puedan
luchar o competir con la comercialización que, hoy día,
se hace de Toledo en exclusividad desde Madrid. Para ello tendremos
que ofertar, al igual que se hace durante el día, actividades
nocturnas lúdico-recrativas e intentar cambiar la imagen
que se vende desde Madrid de que Toledo es una ciudad que se puede
visitar en cuatro horas, y que el resto del día, se puede
invertir en otras poblaciones.
El
turismo constituye un elemento fundamental en la economía
y un factor decisivo en la problemática urbanística,
funcional y medioambiental de la ciudad de Toledo. La inserción
armónica del turismo en la vida de la ciudad plantea nuevos
retos. El turismo es una cuestión general de la ciudad
y no sólo, como en ocasiones se piensa, de la hostelería
y del comercio turístico.
El
paulatino incremento de la carga turística, el agravamiento
de los problemas relacionados con la movilidad, y la crisis de
las estructuras comerciales tradicionales, plantean la necesidad
de perfilar estrategias urbanas orientadas al logro de nuevos
equilibrios funcionales que ayuden a preservar el patrimonio urbanístico
y a garantizar una elevada calidad de vida de los vecinos de
la ciudad.
Toledo
se encuentra en un relativo estancamiento del turismo, por lo
que nos debemos plantear un importante desafío: superar
la fase meramente promocional de la gestión turística
y afrontar el reto de ordenar el turismo en la ciudad y regular
el flujo de visitantes. Los circuitos y rutas turísticas
deben diseñarse para que la visita se configure como una
nueva fórmula de práctica cultural. La administración
local debería tomar el liderazgo, comprometerse y formular
estrategias sostenibles. En ello puede estar en juego el futuro
de la ciudad. Junto con la administración local, la participación
y la implicación de la ciudadanía es vital para
perfilar cualquier estrategia de futuro, la cual debería
perfilarse y tomar cuerpo en un Plan de Excelencia Turística.
Un
desarrollo sostenible del turismo sólo puede plantearse
desde concepciones democráticas, construidas desde la premisa
de la participación y corresponsabilidad de la población
y los diferentes agentes sociales, en los órganos de gestión.
Necesitamos
un organismo que fuera operativo y no dependiera de los cambios
políticos que se producen cada cuatro años y que
representase los distintos intereses turísticos
En
definitiva, la complejidad de los problemas de Toledo y las múltiples
interrelaciones existentes entre turismo, economía urbana,
sociedad. Llevan a considerar la conveniencia de elaborar un Plan
Estratégico de la ciudad que contemple la inserción
del turismo en un modelo de desarrollo sostenible. |